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Freelancer

¿Andar en pijama todo el día, o independencia que requiere disciplina?

Trabajar de forma independiente: previo a la pandemia de Covid-19, para una godín con más de 20 años en el mundo laboral corporativo, era un sueño guajiro. Pensaba que era simplemente imposible, y que estaba resignada a vivir mi cumpleaños número 60 atada a un escritorio, sometida a la rigidez de un horario de 10-12 horas diarias de encierro y con una hija desvinculada y desconocida para su Madre, al haber crecido siempre al cuidado de alguien más.


Y la llegada de la pandemia, con la correspondiente transición al sistema de home office, me abrió la mente a un mundo infinito de posibilidades: y aquel sueño que en otro tiempo resultó inalcanzable, comenzó a acercarse hasta poderlo tocar con las puntas de mis dedos; y pasé entonces de la asfixiante vida corporativa al modelo de freelancer, un esquema que es cualquier cosa menos fácil, pero que me regala la bendita posibilidad de tenerlo todo: ser madre, esposa, ama de casa y profesionista económicamente activa.


Existe la creencia que ser freelancer es el pasaporte a la flojera, la vagancia, y el tiempo para ver la televisión en pijama todo el día. Nada más alejado de la realidad. No tener un jefe y una oficina en un elegante corporativo, no es para echar la flojera y mirarte las uñas crecer, también tenemos reglas y procedimientos para dejar satisfechos a nuestros clientes, que ahora son nuestros verdaderos “Jefes”. Al no tener el respaldo de una empresa con todos sus recursos, uno mismo tiene que crearse sus actividades, sus proyectos, sus productos, su marca, su publicidad, su contabilidad, etc. Trabajar de manera autónoma no es hacer lo que le da a uno la gana: es fletarte un día sí y otro también, es disciplinarte y entender que lo que no hagas tú ya no hay nadie más que lo haga por ti, es conocer un poco (o un mucho) de todo, es entrarle a lo que te gusta y a lo que te aburre, es hacer lo que hay que hacer, sepas o no, y tengas flojera o no.


Ofrecer tus servicios desde lugares que no son una oficina, no los hace menos valiosos, así que no se vale pensar que ser freelancer no es trabajar de verdad; de hecho, se requiere de mucho más esfuerzo y disciplina para hacer por ti mismo, lo que antes un jefe te “obligaba” a realizar. Tampoco es un modelo que por ser diferente al tradicional, sea para los flojos o porque te guste levantarte después de mediodía, al contrario: la pereza no tiene lugar en un esquema como este, que requiere de un alto compromiso y sentido de la responsabilidad, donde hay que aplicarse sí o sí, y tener un enfoque a resultados más que a cumplir un horario o a quedar bien con el jefe para un ascenso.


La gran ventaja: tu tiempo ahora sí ES TUYO, y su administración con responsabilidad y flexibilidad también. Puedes elegir tus horarios, desde donde trabajas, equilibrar tu vida personal y profesional y tener oportunidad de capacitarte en muchas cosas antes desconocidas para ti.


El hecho de que no sea un trabajo en un empresa no significa que no sea un TRABAJO FORMAL: también hay que pagar impuestos, seguir la ley, llevar una administración eficiente y, a diferencia de muchos que solo van a cubrir “horas nalga”, aquí si no trabajas, no cobras…

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