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Donar y trascender

Una segunda oportunidad para vivir

Estar vivos y estar sanos, debiera ser suficiente razón y motivo para sonreír, agradecer y estar en paz. El momento más maravilloso de mi día es aquel en que despierto y caigo en cuenta de que tengo un día más para estar con mi familia, para escribir, para leer, para comer, para reír, para vivir.


Y así continuamos, en la inercia de lo automático, dando por hecho lo que debiéramos ver como un milagro, asumimos que como así ha sido, así debe de ser, y así será por siempre. Nunca esperamos enfermar, tener un accidente, estar cerca de morir, y sentir que una segunda oportunidad es tan lejana e improbable que lo mejor es darse por vencido; desafortunadamente hay muchos que se encuentran justo en esa circunstancia, esa en la que la última esperanza para volver a vivir se encuentra en la pronta recepción de un trasplante.


En México, diariamente mueren 20 personas en espera de un trasplante, de acuerdo con datos del Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA). Además, cada 10 minutos alguien se suma a la lista de espera en busca de un órgano o tejido. Así que el asunto no es menor, ni podemos ignorarlo, sabiendo que tenemos el poder de decidir trascender en alguien más: sangre, córneas, médula ósea, pulmones, piel, células madre, corazón o riñones, son solo algunos de los importantes regalos que podemos entregar.


Es una pérdida complicada porque seguimos viendo el cuerpo, y pensamos que nuestro familiar sigue ahí, sentimos que de aceptar donar sus órganos estaríamos acabando con su vida, pero aunque la vida siga en su cuerpo, lo que ellos eran se ha ido y no volverá. Aquí algunas "justificaciones" al respecto:


"Y yo por qué? Si me registro para donante seguro ya no se esforzaran por salvar mi vida en el hospital, para poder disponer ya de mis órganos y destazarme como a un animal".


"No, yo porqué le voy a dar mis órganos a un desconocido, que lo salve su familia".


"No, mi religión dice que eso es sagrado y no debo de estar manipulando mi cuerpo, porque no podré tener un descanso eterno ni una muerte digna".


"No, porque estoy muy joven, tengo la vida por delante, ya veré ese tema cuando esté viejo".


Y me puedo seguir con la lista. Hay innumerables opiniones y posturas, todas respetables y comprensibles. Pero yo me quedo con esta: sí, porque puedo hacer la diferencia ahora, hoy, este día, porque se queda mi cuerpo pero yo no me quedo con él, pues mi cuerpo no soy yo; porque un niño puede volver a levantarse de su cama, o un padre entregar a su hija en el altar, o una mujer volver a trabajar, gracias a que uno de mis órganos le regaló una segunda oportunidad.


Yo elijo ayudar, continuar y trascender, porque irme sabiendo que pude contribuir a que los sueños y las esperanzas de alguien existieran otra vez, me brinda a mí la paz y la bendición de ser legado en el renacer para alguien más...

Una segunda oportunidad para vivir

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