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  • Mayrautora

Diana Kennedy


Curiosidad, inquietud y pasión por la buena comida.

Muchos la han descrito como "la guardiana de los chiles", "la salvadora de la cocina mexicana" y "la Indiana Jones de la comida". Otros tantos, la consideran divertida pero feroz, inflexible y brillante. Yo pienso que es todo eso y más, y eso que la acabo de descubrir apenas hace unos días, cuando escuché la noticia de su muerte a los 99 años de edad en su casa de Michoacán, en México. Cuando alguien tiene su personalidad tan bien puesta y plantada ante la vida, ni siquiera necesitas conocerla personalmente para describirla: su paso por la vida trasciende cualquier límite, gracias a su poderoso, honesto y contundente legado.


Llegó a México por primera vez en 1957, y volvería para nunca irse en 1976, después de la muerte de su esposo. Solo cinco años después, nuestro país la condecoró con la Orden del Águila Azteca, la mayor distinción a los extranjeros. Al recibir este premio dijo: “no traje conmigo ningún talento particular, solo amor por la buena comida y abundante curiosidad e inquietud” y así, se adentró a todo un país con una libreta, una pluma y varios casetes de ópera como única banda sonora.


No necesitaba más. Inspiración, voluntad, disciplina, inteligencia, confianza en sí misma. Diana es un ejemplo de cómo vivir más allá de toda norma, de cómo desaparecer los límites, de cómo ser y hacer lo que te da la gana… de como envejecer del cuerpo pero jamás del alma.


Me he quedado profundamente impactada al conocerla, obviamente por su legado escrito, y aún más, por sus pantalones bien puestos para saber vivir a su manera, más allá de todo y a pesar de todos, sin miedo, sin preocupación. Con garra, con fuerza, con congruencia, con excelencia, con generosidad, con sabiduría. Ella pensaba que “para hacer justicia a la comida de este extraordinariamente complejo país se necesitarían varias vidas de investigación y varios viajes”, y yo agradezco tanto que haya decidido documentar sus conocimientos y descubrimientos, que sus lectores también necesitaremos varias vidas para aquilatar su amor por México y su tradición cultural y culinaria.


“El verdadero enemigo de todo escritor es la mediocridad” pensaba Diana. Categórica verdad que aplica no solo para los escritores, sino para todas las personas y en cualquier área de la vida. Qué gran error ser mediocre: te limita, te pudre, te detiene, te marchita, te vuelve trivial, gris y mezquino.


Diana es, hace, vive, siente; así, en tiempo presente y en perfecta sintonía con su llamado y su vocación. Y yo, aspiro a seguir su ejemplo y dejarme contagiar por su inspiración, hasta el último respiro, con mis ojos clavados en un libro y mis manos sobre el teclado, escribiendo…

Diana Kennedy

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