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  • Mayrautora

Adiós 2022: el recuento.

Mi nacimiento como escritora

El 2022 fue el año de mi nacimiento como escritora, pues aunque si bien el embarazo comenzó en Noviembre del 2021, mis dos primeros libros nacieron en 2022. Y digo los primeros dos porque vendrán más, varios más, no sé cuándo pero sí sé cómo, y será de la misma forma que llegaron los anteriores: con esfuerzo, disciplina, autenticidad, voluntad, honestidad, en un reflejo cristalino de mi profunda pasión y respeto por la contundencia innegable de la palabra escrita.


Este año fue el primer paso de una nueva vida, la primera vez en más de 4 décadas que me atreví a escuchar mi propia voz, a seguir mi instinto, a creer en la factibilidad de mis sueños, a tenerme fe. Este año no fue la repetición de la inercia del pasado, sino un inicio completamente nuevo, en el que dejé atrás todo aquello que me tenía sometida, marchita, apagada, seca, rota y amargada… y tuve una feliz evolución hacia el futuro soñado desde la infancia, y que por miedo y vergüenza enterré en el abismo del olvido y la rutina.


Este año fue un antes y un después, un soltar y fluir en la más amplia extensión del concepto, un soñar despierta, un vivir a plenitud, un milagro en cada dulce mirada de mi hija.


Se acabó para siempre la sobrevivencia que drena el alma y somete al espíritu, vegetando como zombie en un entorno tóxico, gris, venenoso y podrido. Ya no más. Nunca más.


Ahora lo cambio por tiempo para mirar las mañanas llenas de sol, por tiempo para escribir en mi teclado rosa entre aromas de vainilla y junto a la ventana. Lo cambio por tiempo para llevar a mi hija a la escuela y regresar a mi hogar a tomar con calma un café. Lo cambio por la oportunidad de comer con ella, ayudarla con sus tareas, y mirarla bailar en sus clases de jazz. Lo cambio por observar sin preocuparme, las decenas de coches atrapados en el tráfico, mientras camino con toda tranquilidad sabiéndome sin el estrés continuo de manejar todos los días. Lo cambio por una siesta en mi cama, mientras abrazo a mi niña que mira su película favorita por centésima vez.

Lo cambio una y mil veces por eso que no se compra ni se vende, por eso que no paga ningún sueldo, y que no se sustituye con costosos obsequios que pretenden inútilmente esconder la ausencia y calmar la culpa: el tiempo. El tiempo que no se recupera, que se va y no vuelve, ese que transcurre cruelmente entre interminables jornadas en una oficina, mientras tus hijos crecen, tu pareja se aleja, y tu juventud desaparece. Lo cambio por hacer lo que quiero, y no lo que debo.


Gracias 2022. Bienvenido 2023.

Bienvenido 2023

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